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La secuela del escapulario
Elías Roldán, quien anhelaba ser cura con todas las fuerzas de su corazón y de su fe, un día le llegó su carta de aceptación del Seminario y decidió celebrarlo como más le gustaba, en compañía de su antiguo violín alejado del resto de las personas que lo rodeaban, adentrándose en medio del bosque en una remota cueva que en su extremo posterior desembocaba en una catarata que le propiciaba el ambiente perfecto para él. Elías se había criado en un entorno meramente católico y por influencia y legado de su tío Abel que dedico toda su vida a los hábitos parroquiales en diferentes zonas de su provincia, en su adolescencia, destacó en el coro de la iglesia de su pueblo. Camino a su adultez había decidido que estudiaría teología debido a su fascinación por la filosofía, de la cual contaba con una generosa colección que en gran medida era alimentada por dotes de su tío Abel, quien además era un fanático de la música clásica y en específico la barroca y la franciscana. La juventud de Ismael tra...
Fatal obsesión
En lo alto de las escalinatas sobre el obituario de un tal Silvio Corbín despertó Emanuel, un entusiasta conferencista en temas de inspiración, además miembro de la planta docente de la carrera Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza y otrora campeón nacional de Jai Alai, tradicional deporte vasco que en su traducción al castellano que significa: cesta punta y que es muy practicado en el país vasco de donde Emanuel era oriundo, sin recordar más que el fuerte dolor en el costado derecho de su tórax, producto del impacto de bala con orificio de salida en la axila del mismo lado en aquella fría madrugada de abril. En seguida irguió su cuerpo adoptando una postura fetal apoyando su cabeza en sus descarnadas rodillas tratando de responderse qué diablos hacia encima de una tumba y lo más importante ¿Dónde estaba Eliana? Su pequeña hija de que para esa hora debía estar en su cama con el cuidado necesario para una niña con diagnóstico de anemia aplásica, una rara enfermed...
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